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I Fought The Law


Make Love / Fuck War - Public Enemy & Moby

Nos habíamos juntado unos cuantos insurrectos alumnos de periodismo, audiovisuales, y traducción. Por primera vez, se subvierte un edificio de la Universitat Pompeu Fabra caracterizado por construir la paz social durante casi una década, en base al corpus téorico ecléctico-híbrido-paranomal del progre-liberal-fascismo (verbigracia, y respectivamente: la hegemonía ideológica formal, la idem pero de fondo, y la filosofía subyacente de negación del conflicto social y su superación por el corporativismo). Desde la otra trinchera, nos erigíamos ya en los tontiprogres pancarteros amigos de Bin Laden y la ETA. En medio, y a la espera, un potente aparato político durmiente a la caza de votos y con ansias de recuperar el movimiento.

Somos unos cuantos plumillas de segundo, y un servidor, uno de los pocos primeracos amotinados. Estamos con plásticos y algodones entintados en mano fabricando pancartas para decorar nuestra facultad. La hegemonía ideológica formal no solo del edificio, sino también de la universidad nos facilita que nuestra movilización se tolere y incluso se aplauda. Quizás con un cierto ánimo recuperador. El caso es que nos pudimos descantillar todo lo que quisimos sobre los plásticos de pancarta. Por poner un ejemplo, mis manos se encargaron de dibujar una gaviota, de cuya panza nacían bombas de rácimo. Es la gaviota de unas siglas gemelas, gobernantes, que las trazo en rojo y con gotas de sangre. Contra la Guerra a l'Irak, Obrers i Estudiants cap a la Vaga General. Como me van dejando hacer, la voy liando y me dedico a pasar por la izquierda incluso a los sindicatos mayoritarios y los partidos. Oh, habrá que decorar esto de alguna forma.

Es entonces cuando le pregunto a C.M., colega, persona encantadora, y activista de un pequeño colectivo trotskista:

-Oye Cris, voy a dibujar un puño, ¿cual pongo, el derecho o el izquierdo?

-Izquierdo, ¿noooo?- Me responde con un tono de broma íntima, dado que el resto de gente desconoce cual es la diferencia.

Tras un rato de conversa más humorística que real, opto por poner un puño derecho, ya que soy el único que sabe dibujarlos. Nuestras maravillosas obras de arte decoraran la fachada de un edificio al que se le atribuye haber sido sede central del POUM o despacho del detective Pepe Carvalho, entre otras leyendas urbanas, para pasmo del turista de a pie que pasea plácidamente por las Ramblas y ve agredida su retina con consignas sacadas de algún comité pro-vietnam de los sesenta.

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En la asamblea definitiva, hay un desembarco de sociatas bastante impresionante. Las posiciones de boicot a la charla de Alberto Fernandez Díaz -ese señor al que le vendía el ABC cada mañana de domingo, si ustedes recuerdan bien- van siendo derrotadas. C.M. y un servidor, ante la dificultad de que nuestras posiciones ganen terreno, intentamos que la cosa no acabe a tortas, aunque nos sepa mal que el segundo pepero que viene a visitarnos se vaya tan tranquilo y le hagamos otro recibimiento tolerado por el buenrollismo dominante. El manidísimo discurso liberaloide del derecho a la libertad de expresión del concejal pepero, y del que dirán de nosotros los medios de comunicación cala en cerca de un 60% de los asistentes, y ante eso poco podemos hacer. A la izquierda social aparecida de la nada le ha dado ahora por acordarse de los derechos y libertades de los poderosos, precisamente aquellos únicos que quizás pueden ejercerlos de manera real.

No hay boicot, y todo queda en ocupar la sala silenciosamente y ponerse de espaldas al -retengan este dato- ahora videoconferenciante. No se atrevió a venir, ni siquiera con un cambio de recinto a última hora. Al día siguiente, Julia Otero criticó en su programa esta acción. -Si es lo que yo decía, hagamos lo que hagamos, se van a meter con nosotros. -¿Sabes que es lo peor Cris? Que nos discutimos los de la tercera y los de la cuarta (internacionales) por el dibujo de un puño, y a la hora de la verdad nos vienen los de la segunda (PSOE) y nos joden a todos. ¡Vuelve el tercer periodo! Estos van por los votos. Tanta corrección política me enerva.

Tres años después, los chistes privados sobre internacionales obreras creo que siguen teniendo su sentido. Aunque casi nadie -y eso que era materia de instituto de bachillerato, ahora no sé- los entienda.

Prometo acabar con las batallitas de abuelo cebolleta. Lo prometo.

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