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I Fought The Law

Body Language (I)

Body Language (I)

Con Alfonso Guerra se inició el CAOS
Neologismos a revisar en profundidad(I). Hoy: Gafapasta

 

En su momento la masa las consideró un accesorio ridículo, anacrónico, dinosáurico. Fueron arrolladas por los montantes metálicos o, de manera más radical, por los inexistentes. Quedaron relegadas al más absoluto de los desprecios y olvidos. Hasta que las gafas de pasta volvieron a la luz pública. Aquellas imágenes en color deficitario con Alfonso Guerra exhibiendo esa cutrada de anteojos que reteníamos alguno en nuestra memoria infantil dejaron de parecernos una estampa con gusto a naftalina para tornarse de la noche a la mañana en visionarias.

Los primeros ambientes donde aparecieron fueron los frecuentados por según qué personas de la escena hardcore en Barcelona, asociados a ritmos más bien vanguardistas, y en una comunión nunca firmada y declarada también en los ambientes más pop y de cierta modernidad o postmodernidad, dado que el que esto escribe no acaba de aclararse acerca cual de las dos fases históricas del pensamiento podrían encuadrarse. Si es que realmente hay algo en ello de pensamiento y ética, y no simple estética.

Y con ellos, los hechos concretos que acaban por fabricar los mitos. Al igual que según qué subculturas del pasado, los usuarios de la gafa de pasta tuvieron que adoptar una pose de cejas altas y inquietudes culturales que llegaban a ser ridículas. De el interesarse repentinamente por las guías maestras de lo que hay que ver, oir, leer, escuchar o vestir según determinados fabricadores de la opinión se construyó el ridiculizar a todo aquel con inquietudes culturales, de consumo o de actitud supuestamente reservadas a una élite. Y de ello, aplicando la generalización y la degradación más burda, cutre y barriobajera, llegamos al mito. La acusación de ser gafapasta llega a casi todo aquel cuyos intereses formativos superen el manosear las páginas del MARCA, especialmente si están manchadas con aceite de calamares a la romana. Pues no señores, por ahí no pasamos. No queremos que se generalice el orgullo de ser ignorante, mediocre y neardental en rechazo a unos cuantos posers víctimas de la moda. Y además, que carajo, el que esto escribe tuvo unas gafas de pasta y sin graduación, que exhibí orgullosamente en los meses previos al temido efecto 2000, ¡y con lentes amarillas!. Por eso y muchas cosas más el término gafapasta debe ser profundamente revisado e incluso desterrado de nuestro léxico.


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1 comentario

mia -

Andaaaa, que jamás se te atribuiría a ti el concepto "gafapasta" aunque llevaras unas de cristales amarillos, que serían más de tendencia fiestera-nocturna que de intelectualoide pajillero (gafapasta, vaya).
Estoy de acuerdo en rechazar la ignorancia como elemento de orgullo, pero tampoco debemos pasarnos en hacernos los interesantes. Sabes muy bien que hay una serie de personas que, tras haberse aprendido 3 citas históricas, van de enteradillos y menosprecian a aquellos que no se han aprendido las mismas citas o no han visto la misma peli de cine alternativo. Sabes que este tipo de gente no son los auténticos amantes de la cultura, sino unos farsantes autocomplacientes. Estos son, para mí, los gafapastas o "gafapLastas", que no aportan nada pero se acunan en sus palabras vacías y altisonantes.
Dí la verdad ¿cuántas personas interesantes conoces que lleven gafas de pasta? ¿Y cuántas que sólo digan memeces que las lleven también? (seguro que son más). Besitoooos.
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