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I Fought The Law

Prison song

Prison song

Recuerdo a la perfección una rueda de prensa que la ex consellera de interior Nuria de Gispert nos dio a nosotros, novatos alumnos de periodismo, en la mismísima prisión de mujeres de Wad-Ras, en Barcelona. De la experiencia, para la cual hice un artículo que andará perdido por los servidores de la Universitat Pompeu Fabra, guardo un recuerdo de díficil olvido. Ante una pregunta acerca de un informe del Observatorio de la Universitat de Barcelona sobre política penitenciaria, De Gispert solo respondió una palabra: somiatruites. Algo así como ingenuos, papanatas, bobos. El informe, así como las diferentes hojas sindicales, hacían referencia a algo que debería ser fruto de debate por parte de la izquierda más combativa y que no siempre se da: una crítica radical de las políticas penitenciarias en España.

Hoy, Andrew Coyle, ex consejero de prisiones de la ONU, en una entrevista ofrecida a El Periódico, ha abordado  estos y algunos asuntos que ya entonces pasaban por mi cabeza. Con datos más amplios de los que entonces barajaba: España tiene la segunda población de reclusos más elevada de Europa, sólo superada por Gran Bretaña: 140 por cada 100.000 habitantes. En la misma Gran Bretaña, el coste anual de un recluso es de 50.000 euros anuales, un coste tan elevado que ha provocado la propuesta de un plan para prevenir, con esos fondos, el delito por medio de la lucha contra la marginación social y la pobreza. Es precisamente el argumento del alto coste de mantenimiento de un preso lo que lleva, por ejemplo, a muchos estados de los EEUU a que se siga manteniendo y ejecutando la pena de muerte, mucho más barata que el coste de una cadena perpetua. Axiomas neoliberales incluso en las políticas penitenciarias en el país que tiene el 23% de la población reclusa del mundo en sus prisiones.

España es un país que tiene el gran vicio de abarrotar sus cárceles con reclusos, así de claro lo enuncia Coyle. Sólo desde algunos foros se denuncia esta práctica que en última instancia perjudica a las capas sociales más desfavorecidas. No nos engañemos: ir a la cárcel es una catástrofe, no sólo para el que lo sufre, sino para las familias. Las cárceles actualmente no reinsertan, no devuelven al individuo a la sociedad en condiciones de poder insertarse de nuevo; cumplen un papel vengativo aunque se asuma la tesis, ya más que bicentenarias, de juristas modernos como Beccaria. A esto, piensa en la cantidad de multimillonarios que dan con sus huesos en una prisión. Sólo con recordar la confortable celda de Josep Maria Sala, miembro del PSOE condenado por el escándalo de financación ilegal de su partido por medio de la sociedad FILESA, ya me da algo. Suena a tópico, pero es cierto: a las cárceles van los pobres que no se pueden pagar un buen abogado; que por lo normal son personas que delinquen en ambientes de elevada exclusión social y marginación.

Entretanto, leo opiniones por ese mundo que chocan de raíz con lo expuesto; defensa de la mano dura, penas más altas, la consideración de que el sistema penal español es "blandito", jarabe de palo en vez de analizar el problema de forma radical -de raíz-. Opiniones liberales que parecen extraídas del los peores manuales inquisitorios. No tiene de qué extrañarnos. La respuesta la tengo en el apartado Cartas al Director en la página siguiente. Un liberal califica, sin ningún tipo de rubor, a Jean Jacques Rousseau, como el máximo representante de la ilustración, que no era más que un totalitario prerromántico, por tanto un traidor a la libertad individual. Pocos movimientos políticos de la actualidad se consideran tan abiertamente enemigos de la Ilustración, tan sólo se me ocurre la extrema derecha, en sus nuevas apariciones con guante de seda,  en la que parece haber caído ya hace tiempo el liberalismo de algunos, o de la mayoría que se dicen así.

Pongamos un ejemplo claro: el ex-presidente español JMA, héroe de las Azores y de Perejil, en una de sus recientes conferencias en el extranjero, en este caso Italia. Aprovechaba su apoyo electoral a SB, el único líder de la derecha en la historia de ese país que ha conseguido el rechazo de parte del sector social al que se suponerepresenta de forma objetiva, la patronal Cofindustria, todo un hito de división en el bloque de clase dominante que ni el mismísimo Antonio Gramsci albergó en sus sueños más húmedos.  Pero no hablábamos del filósofo italiano, sino de nuestro cejijunto ex presidente. Tras equiparar islamismo -se supone que el extremista, pero para esta gente los matices no existen-, la utopía socialista y nacionalismo, por ampararse en conceptos colectivos -y tras la hábil nivelación, queda como un perfecto liberal defensor del individuo-, la caga al defender, curiosamente, otro concepto colectivo: el reforzamiento del estado y la nación frente aquellos que pretenden debilitarlo (¿?).

Dejaremos el asunto. Meterse con JMA o su antiguo homólogo texano es tan fácil, que un número importante de tiras humorísticas de política más bien afines al actual gobierno se sumieron en una grave crisis de ideas durante el periodo posterior a la derrota electoral de aquellos.

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1 comentario

Colibrí Lillith -

Buen artículo, no hace falta q te diga q estoy de acuerdo :)

¿Cárceles blandas? Dios, pero si las cárceles del País Basco están denunciadas por Amnistia Internacional por las torturas q se cometen allí... Hace falta un buen cambio en las cárceles de España

y en los jueces, porque aquí en Castellar hay skins que han sido denunciados y arrestados mil veces dejándolos libres al día siguiente, después de haber metido palizas graves a inmigrantes, hippies, gitanos... y cualquier persona que no era como ellos.

Las opiniones liberales que comentas tienen realmente poco fundamento xD Se las tumba facilmente
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