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La línea general - Lo viejo y lo nuevo

Bares pre-olímpicos (V). Hoy: Bar Echate P'allá

Este no es un bar preolímpico; es un bar pre-constitucional. Vivió al margen de los procesos históricos españoles sin verse en ningún momento influenciado o afectado por ellos. Sus habitantes no se conmocionaron por el asesinato de Carrero Blanco, no supieron quién era un tal Suárez, qué era la Junta Democrática y por supuesto ni les suena remotamente el nombre de un tal Caparrós -ni a ellos, ni a casi nadie de los de ahora-. Es por esta resistencia absoluta al paso del tiempo que se gana el apelativo de bar pre-olímpico a pulso, aunque la ciudad donde se ubica -Málaga- no haya albergado nunca ningún acontecimiento de los cincos aros. Como mucho vivió a la sombra de la infame Expo 92, situada en la ahora fantasmagórica isla de la Cartuja.
Ubicado en la impagable Plaza del Niño de las Moras, a escasos metros de la playa, y haciendo esquina con Salvador Allende, tenemos frente a nosotros a uno de los bares más cutres del planeta. Ni el turismo corrosivo de la Costa del Sol, ni los planes de estabilización de los ministros del Opus Dei, ni el Landismo como doctrina glorificadora de ese territorio ibérico, han conseguido enviar este local al desguace de la historia. El edificio en sí es absolutamente cochambroso. Consiste sólo en una planta baja, de exterior pintado en un beige del titanlux más barato, aderezado con un icono junto a la puerta en el que se muestra a dos personajes armados con sendos vasos de vino que están -supuestamente- echándose unos bailes, y circundados por el nombre del establecimiento, escrito con una ortografía que provocaría un placer sobrehumano a los defensores del idioma andalú -que, para sorpresa y espasmos de los lingüistas serios, existen-.
Seres infrahumanos del submundo lo frecuentan. Personajes bañados en suciedad, alcohol malo, o decadencia existencial que se sientan en las mesas ubicadas en la plaza, ataviados con sus camisetas imperio y gorras de Sobaos Martínez, a practicar un deporte que se resiste a desaparecer a pesar de la proliferación de las Game Boy Advance: el Dominó. Desde el mediodía, hasta bien pasadas las 12 de la noche, largas partidas de ese juego se desarrollan sobre mesas con el accesorio de fieltro verde superior perfectamente colocado, mitigador del ruido de las piezas y elemento de lujo cañí inexplicable dentro del conjunto que conforman bar y parroquia.
Los campeonatos, auténticas batallas que dejan la Superbowl en una pijada que solo les interesa a esos guiris merdellones que van a a la playa y hablan raro, son observadas desde el otro lado de la plaza por los clientes de un Centro Social en el que la cerveza Cruzcampo, el marxismo-leninismo, la posmodernidad estética, los cómics manga y la cultura popular se dan de la mano bajo el paraguas de la Asociación de Vecinos del barrio. La estatua del cantaor El Niño de las Moras hace de árbitro separador de las dos mitades del terreno de juego. Lo nuevo y lo viejo lado a lado de un mismo espacio urbano. Sin embargo, el domingo nos ganaron a insomnes los veteranos jugadores de dominó.

Escuchando: Vicious Circle - Abrasive Wheels
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2 comentarios

eva -

qué se puede decir ante esta realidad descrita? sólo que nosotros pasaremos, pero la camiseta imperio y los valores que encarna, permanecerán
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eva -

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