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I Fought The Law

Fascisti in doppio petto

Fascisti in doppio petto

A mi este señor, dentro de la evidencia de lo nauseabundo de su partido, me da pena. Al lado del valencianito vestido con traje de marinero-primera comunión, cuya vehemencia verbal lo ubica a niveles de racionalidad política con un ultra del Chelsea FC, el señor Josep Piqué siempre me sugirió ese halo de lástima absoluta. No ya solo se trata de las, al menos, dos ocasiones en las que tuvo claro su dimisión al frente del PP catalán debido al enfoque del proceso de reforma estatutario catalán por parte de sus colegas madrileños. Ni tampoco lo mal visto que es dentro de sus propias filas, más allá de la anécdota de aquellos que, via una web, se definían como afiliados no votantes del PP y lo consideraban, junto a Birulés y Del Castillo, como una infiltración criptomarxista en el todopoderoso entonces partido del extremo centro. No, eso es sólo la puntilla. Este descendiente directo del último alcalde no democrático de Vilanova i la Geltrú -y digo eso por no llamarlo "el último alcalde franquista"- nos ha deleitado más de una vez con sus curiosas consideraciones ideológicas y el pensamiento político, con esa patente de corso que parece ofrecer, no sólo para él, sino para otros muchos más, el haber gozado de una juventud curtida en la izquierda comunista y el antifranquismo, en vez de haberla pasado como cuadro dirigente en los flechas y pelayos. En su caso, como en el de otros, intuyo una disidencia política juvenil provocada por algún tipo de enfrentamiento generacional con popó.

El caso es que nuestro personaje de hoy ya hace tiempo soltó alguna burrada acerca de las ideas que deben regir a la juventud inconformista, ubicándolas en el liberalismo-neoconservadurismo-extremocentro, y considerando sus pecadillos de juventud eso mismo, pecadillos de juventud. Antesdeayer se cubrió de gloria, o más bien sufrió de un ataque de vértigo en la ubicación de los espacios políticos, al defender la posición de su partido en el parlamento europeo de no condenar el régimen franquista. Vamos, que el sistema político instaurado por el militar gallego que nos lo dejó todo atado y bien atado no se trataba de un régimen de corte fascista, sino de simple y llana“derecha autoritaria”. Preguntándome a mi mismo qué puñetas sería entonces su partido mientras ejercía el poder, me pongo a repasar mentalmente la dictadura del señor Franco. Si bien diverge la aplicación práctica respecto de los ideales químicamente puros no sólo de José Antonio, sino de todos los camisas viejas y nuevas que velaron por ofrecer andamiaje ideológico al franquismo, si que es cierto que la organización del estado se correspondía a un estado corporativo muy al gusto del fascio italiano. Verbigracia: sus organizaciones sindicales negaban la lucha de clases y encuadraban a empresariado y clase trabajadora, la ideología ultranacionalista se mezclaba con el tradicionalismo católico y con apelaciones gloriosas al pasado imperial, los balillas eran flechas, las mujeres en casa  y a procrear, etcétera etcétera. ¿Qué había mucho arribista? Como es lógico, pero asumieron el ideario falangista incluso con mayor intensidad que los veteranos de la vieja guardia. ¿Qué había disidencias toleradas? Claro, y un Dionisio Ridruejo era aceptado como mal menor, al igual que un Benedetto Croce lo era por Mussolini ¿Qué había una revolución pendiente no llevada a cabo que era exigida de manera crítica por los guardianes de las esencias? Lógico, como en Italia cuando Benito se peló a unos cuantos discrepantes, buenos camaradas de los primeros días de palizas y escuadrismo, en favor del apoyo de la Cofindustria y el empresariado.

Piqué sufre de un ataque de vértigo que le hace percibir las cosas algo más a la izquierda de lo que están, y si el franquismo era sencillamente una derecha autoritaria -con todas las tenebrosas cifras del genocidio que cometió contra el pueblo español- me pregunto a mí mismo en que espacio se ubica vuesa merced Don Piqué, su partido  y las juventudes aznarianas, ya que en esta tesitura el extremo centro se le queda pequeño. Quizás sería necesaria una apertura al liberalismo progresista, a la socialdemocracia, y seria posible que en este proceso de radicalización tan preocupante, al PP le salga incluso una escisión maoísta por la izquierda. No se rían: muchos grupos de la izquierda radical procedían de un cristianismo social muy moderado, y algún miembro del club de onanistas de Emma Bonino –porros sí, despido libre también- anda comparando  por ahí la política económica del PP respecto del liberalismo con el socialismo albanés. ¿Porros sí, dije, no?

PD. En la foto, nuestro protagonista haciendo el fakyou en la Cope, que se lo tienen bien merecido a golpe de calificar a según que peperos de maricomplejines

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